¿Cómo funciona la sensación de hambre?

Aún queda horas para comer y nuestro estómago ya está rugiendo, ¿cómo es posible si hace poco tiempo que me hemos comido? El hambre, siempre acechando a la vuelta de la esquina, hay veces que terminamos de comer y ya estamos pensando en comer. Vamos a explicarte con todos los detalles cómo funciona la sensación de hambre, algo que debemos entender para seguir una dieta estricta en la que realmente obtenemos las calorías necesarias para nuestra actividad física.

El hambre es la declaración de nuestro cerebro de la necesidad de ingerir sustentos. Esta nos incita a tomar alimentos que nuestro organismo transformará en nutrientes necesarios para desarrollarnos y mantenernos con vida, son nutrientes el agua, los hidratos de carbono, las vitaminas, sales minerales o la glucosa. Esta última es la más necesaria para nuestra actividad diaria ya que es el sustento de donde se obtiene la energía que utilizan nuestros músculos. Cuando los niveles de nutrientes en la sangre están bajos, aparece la necesidad de comer alimento otra vez.

Pero hay que distinguir entre el hambre psicológica y el hambre fisiológica. El primero se caracteriza porque aparece de repente y suele ser por algún tipo de alimento, por lo general bastante insano y calórico, es lo que normalmente llamaríamos caprichos. Lo más fundamental para poder tener las situaciones en las que aparece el hambre psicológica bajo control es reconocer el antojo y diferenciarlo de una necesidad real de alimentación.

Por otro lado, con el hambre fisiológica el cuerpo nos pide alimentos para poder tener más energía. Suele venir precedida de señales como una sensación de vacío en el estómago y ruidos estomacales. Cuando tenemos hambre fisiológica el organismo nos pide cualquier alimento no tiene por qué ser uno calórico.Es en esta segunda, cuando el nivel de glucosa está bajo en la sangre. Existen alimentos como algunas algas que ofrecen propiedades interesantes para saciar nuestra hambre y darnos sensación de saciedad, a pesar de ingerir un número menor de calorías.

El Sistema Nervioso Vegetativo tiene sensores en los vasos sanguíneos para detectar los niveles de glucosa en la sangre en todo momento. Cuando este baja, extrae glucosa de los depósitos que hay en el hígado y los músculos. Así se puede mantener el aporte de energía a las células durante un tiempo próximo a las dos horas.

Cuando estos almacenes internos se agotan y el nivel de glucosa baja, se activan algunas partes del Sistema Nervioso Vegetativo que se encuentran en el encéfalo que forman el conocido como centro del apetito. Cuando estas neuronas se estimulan, detonan la sensación de hambre, que va aumentando conforme el nivel de glucosa baja. En cuanto ingerimos algún alimento y el nivel de azúcar empieza a subir en la sangre los niveles de estos aumentan. Inmediatamente este aumento es detectado por otro centro conocido como centro de la saciedad, que estimula y frena el centro del apetito, desapareciendo la sensación de hambre.

Si por el contrario, el centro del apetito manda el aviso de que es necesario aumentar los niveles de glucosa y no se satisface esta demanda, se activa un mecanismo destinado a extraer las grasas corporales, utilizándolas para obtener glucosa y otros nutrientes. De esta manera se puede mantener el funcionamiento del organismo durante un tiempo, aunque este proceso es lento y no es capaz de proporcionar la glucosa necesaria para actividades en las que el consumo es elevado, como el deporte o el trabajo intelectual. Se trata sólo de un mecanismo de supervivencia.

Información de: Socialgleam.com/bloghogar.net

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